Cambia al mundo, Mac: cambia tú mismo
Por Mac Amigo querido, recibe mi saludo cariñoso:
A veces alguien te dispara preguntas de un calibre sorprendente. Un amigo, al encontrarnos, antes de saludarme, me suelta a bocajarro unas preguntas que me dejan sin habla: –Dime, Mac, ¿te agrada este mundo en el que vivimos? ¿Esta época de locura te parece manejada por seres humanos? Examinemos la situación a vuelo de pájaro: ¿Te gusta lo que ves hoy? ¿No te parece una barbarie nuestra forma de vivir? Y continúa diciendo que apreciamos en nuestro entorno a niños que saben más de futbol que de sus estudios. Te pueden recitar sin equivocarse los nombres de casi todos los jugadores, pero no saben admirar las bellezas que les rodean. Usamos hasta el cansancio los teléfonos celulares, pero ignorarnos una buena forma de comunicación. Sorprende que los jóvenes inventen lenguajes criptográficos, pero olviden lastimosamente el significado de las palabras, y con ello empobrecen el idioma y terminamos por no entendernos. –Creo que estás exagerando. Lo ves todo con un pesimismo tan agudo, que da la impresión que estamos al borde del colapso. ¿Por qué no ver las cosas desde un punto de vista positivo? Creo que sería más sensato. ¿No crees? –Me gustaría verlo así, pero examinemos otras áreas. En lo político, puedes darte cuenta de que una ristra de patanes, manejados por un iluminado con ideas mesiánicas, se atreven a clausurar ambas Cámaras del Poder Legislativo y, con la impunidad que les da el fuero, cometen actos delictivos que en otras naciones merecerían un castigo ejemplar. Estos politicastros con ínfulas de redentores protestan ahora por la llamada Reforma Energética, y te aseguro que ni siquiera han visto las cubiertas de esta propuesta, menos la han leído y, por tanto, no se han enterado de su contenido. En sus anuncios (¿pagados con dinero de quién?) dicen estar dispuestos al diálogo para solucionar los problemas, y te das cuenta de que, ni por asomo, son parte de la solución. Estamos representados por una cáfila de pelafustanes que no saben para qué están ahí. ¿Estás consciente de ello? –Estoy de acuerdo contigo, en parte. ¿Pero qué hacemos cada uno de nosotros para evitar estos problemas que tanto nos lastiman? ¡Nada! Por eso llega un caudillo y agita las masas irresponsablemente. Y es que nosotros estamos esperando que los políticos acaben con la pobreza de 50 millones de hermanos nuestros. ¿Sabes cuando van a eliminar ese problema social? ¡Nunca! Los políticos, desde tiempos inmemoriales, han utilizado la demagogia para treparse en el poder. Son un mal necesario del que quizá nunca podamos prescindir. Lo que debemos hacer cada uno de los otros 50 millones que estamos un poco mejor, es practicar dos virtudes que, aplicadas en lo social, ayudarían mucho: generosidad, para compartir lo que tenemos, y esperanza para instaurar una sociedad más justa. Si seguimos creyendo en las mentiras de los políticos y no actuamos con bondad hacia los demás, las cosas seguirán como hasta ahora. Las cosas van a cambiar cuando apliquemos aquel viejo refrán de nuestros abuelos: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Mi amigo y yo nos quedamos callados, pensativos, reflexionando que en nuestras manos está cambiar el destino de la patria; pero no con violencia ni con arengas incendiarias. Calladamente, sin promesas vacías, pero con acciones constantes y amorosas, no te quepa duda, llegaremos a lograr lo que tanto anhelamos: una vida mejor para todos. Y una patria en donde sea hermoso y digno vivir. Recibe mis saludos afectuosos y el abrazo de siempre. Mac. |