
“No te confíes, pues, diciendo: ‘yo me confesaré y conseguiré después la indulgencia plenaria, y al momento me veré purificado de todos mis pecados’. Piensa que esta confesión y contrición, que es precisa para recibir la indulgencia plenaria, es cosa tan difícil de conseguir que, si lo supieras, tú temblarías con gran temor, y estarías más cierto de no tenerla que de poderla conseguir”. (Santa Catalina de Siena, Tratado del Purgatorio, t. III, n. 24).
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